Some  works are exposed in Barcelona Spain from November 15 to January 15

 

El humo de la pipa de Aguilera

Adentrarse en el rico mundo de la creación artística de Aguilera conlleva caminar, siempre de puntillas, por una realidad interior tan compleja como viva.

Detrás de sus obras hay una intensa trayectoria vital, es quizás la simbiosis de su evolución personal y artística el tema central de toda su producción.

Consideramos que su estilo es bastante unitario y que responde a los mismos cánones, sin embargo encontramos dos tipos de pinturas: la surrealista con figuración y la abstracta.

De todas las maneras de acercarse a la realidad, la de Aguilera es de las más profundas, ni si quiera en su vertiente más figurativa, con personajes realizados en estilo surrealista como Ghandi o Mujer con Niño, deja de sorprendernos con su visión particular.

Estos personajes aparecen apelando al espectador, cual visión onírica, con una apariencia evanescente y una interrogación serena en la mirada.

Todos tienen un porqué y ellos mismos parecen saberlo.

Preguntémosle sino a La Arcana o a La Mujer que escribe.

Ellos realizan una acción pero nos trasmite sentimientos contradictorios, por una parte se muestran desvirtuados, como la recreación del Matrimonio Arnolfini de Van Eyck bajo el titulo de Fantasía. Su traza es dinámica, la multitud de colores y pinceladas da la sensación de que el aire pudiera traspasar sus ropajes, pero por otra parte, son figuras rotundas, con una presencia que no responde evidentemente a su físico sino al interior de las mismas: la mirada de Aguilera en las miradas de sus retratos delata al artista.

Pensamos que en esa búsqueda constante del ser, que se pueden abordar por tantos caminos como queramos, es donde nuestro artista se mueve como pez en el agua y de donde fluyen sus temas: la filosofía oriental, el pensamiento zen, las teorías metafísicas, la perfección del universo... o simplemente la grandeza o pequeñez del alma humana.

Para nosotros, como espectadores, son pequeños retazos o monumentales lienzos, las instantáneas capturadas del vaivén de su tiempo.

Porque el tiempo es otro factor que parece obsesionar al artista, de hecho le dedica toda una serie: La Danza del tiempo, que en la misma línea de surrealismo figurativo, parece surcar por tempestades o flujos de energía.

En ellas las huellas indelebles del tiempo se manifiestan no como presencia estética, sino como el sabor del conocimiento profundo de los acontecimientos cuando el tiempo va pasando, y en nuestro interior lo rígido se vuelve curvo y las negaciones se convierten en pequeños placeres.

Como decíamos al inicio, la misma raíz subyace en toda su producción y por eso partimos del mismo sitio a la hora de encontrarnos con sus pinturas abstractas.

De nuevo sus pinceladas son etéreas, Aguilera nos traza en óleo imágenes simbólicas que parecen las formas caprichosas del humo parsimonioso de la propia pipa del artista.

En este estilo, que suele titular y numerar como Arje, no da claves, no se interrumpe, no es explícito pero tampoco hermético, simplemente se muestra como es y lo plasma de forma rápida.

En la agilidad de su factura algunos pretendemos ver la danza de una muchacha, el ensimismamiento de un feto, una corriente de agua o piruetas imposibles y lo cierto es que jugar a vernos reflejados en sus telas es quizás el rellano, la entrada, a su propio mundo.

Y en ello también nos ayuda la combinación de colores que utiliza en las diferentes composiciones, elegidos con cuidado, parece ser el punto de partida del proceso creador.

Posteriormente enmaraña o desenmaraña, según se mire, el hilo con el que teje las impresiones más intimistas de un artista en continua evolución.

Mª Teresa Suárez Domínguez