Esta línea de trabajo es fruto de introspección y
meditación. Dejar fluir la mente evitando, en lo posible, influencias
externas.
En estos cuadros quiero hacer emanar lo que en mi
vivencia-presentimiento veo en el fondo de mi mente.
Busco en ese paisaje interno una puerta a un
espacio sin dimensiones donde el tiempo no tiene dirección.
Quiero encontrar un vacío que palpita en
acción de existencia, impulsos vitales emergiendo de una homogeneidad
tendente a la multiplicidad.
Mi necesidad de expresión partiendo de la
individualidad dicta esas formas que veo como existencias en movimiento hacia la
consecución de establecer una identidad. Entes que respiran en su espacio
en designio de conquistar su partícula de tiempo.
El tiempo, en mayor o menor medida, está
detrás de todos mis trabajos.
Aunque en mis cuadros abstractos, donde la única
premeditación es la composición cromática, me aparto del
entorno para adentrarme en un territorio libre, no soy impermeable a lo que me
rodea, en realidad soy bastante sensible a los estímulo externos, por
ello mis cuadros no abstractos pueden ser inspirados por cualquier inducción
que llegue a mi, aunque separándose en su realización del origen para
acercarse a mi propio argumento.
Pienso que el tiempo es el motor de los fenómenos
que en su metamorfosis producen la realidad cambiante. Esta ilusión dicta
el discurso paralelo al argumento más cercano de todos los cuadros
figurativos, cuyo tema se licua en un espacio participando de fenómeno de
origen y destino.
Me gusta pintar en lienzo sobre una superficie
dura, la pared o, si el tamaño me lo permite, sobre el suelo. Necesito
un fondo de un color, generalmente, oscuro o negro sobre el que se esparce el
tema.